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Cómo se transforma el cerebro con las drogas

El cerebro es el centro de control de nuestro organismo. Todo lo que pensamos, lo que sentimos, aquello que percibimos y también todo aquello que no notamos pero está pasando dentro de nosotros, lo básico y lo complejo; absolutamente todo pasa por nuestro cerebro. Pero, ¿qué ocurre cuando se ve sometido al consumo de sustancias que alteran su funcionamiento? ¿cómo afectan las drogas a nuestro cerebro?

El cerebro está compuesto de diversas partes que trabajan en conjunto para cumplir todas sus funciones. Las drogas actúan en primer lugar sobre el sistema límbico, que es el responsable del sistema de recompensas en nuestro cerebro, provocando una sensación de placer; el problema es que las drogas inundan el cerebro de dopamina y otros neurotransmisores en cantidades a las que nuestro cerebro no está acostumbrado y al sobre estimularlo, altera el funcionamiento del sistema límbico, por lo que se genera una adicción.

Las drogas también tienen impacto en el tallo cerebral, que es la zona encargada de nuestras funciones básicas –respiración, digestión, la circulación sanguínea, etcétera–; es por ello que se acelera el ritmo cardiaco, algunas personas presentan dificultad para respirar, se modifican los patrones de sueño, entre otras alteraciones de las funciones básicas.

Pero esta euforia y alteraciones físicas son sólo los primeros efectos; a largo plazo, el abuso en el consumo de drogas afecta más funciones del cerebro y produce un deterioro acelerado.

La sobre estimulación de los centros de placer desgasta la capacidad de responder a los estímulos, por lo que es cada vez más difícil para el adicto experimentar cualquier tipo de placer. El cerebro además, sufre cambios para poderse adaptar al consumo de drogas y estas transformaciones ponen en riesgo su salud. Hay deterioro de las funciones cognitivas, se dificultan las conexiones sinápticas entre las células de nuestro cerebro y nuestra percepción sensorial se ve afectada.

Así mismo, la actividad del córtex –que es responsable del control de nuestra conducta y la racionalidad– se ve reducida de forma progresiva; lo que disminuye el autocontrol y la capacidad de tomar decisiones.