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¿Las drogas más aceptadas llevan al consumo de otras?

El tabaco y el alcohol suelen ser las primeras drogas a las que tienen acercamiento adolescentes y adultos. Su estatus legal y su carácter recreativo, hacen que no sea mal visto su consumo entre adultos; y sea incluso esperado en los adolescentes. Sin embargo, son sustancias adictivas y hay quienes afirman que pueden abrir la puerta al abuso de otras drogas.

Los jóvenes están más vulnerables al abuso de las drogas, debido en gran parte por la crisis que representa la adolescencia, las presiones sociales y el deseo de encajar en el grupo. Beber alcohol o fumar, es incluso percibido como un rito de paso a la adultez y debido a la facilidad de obtención de estas sustancias, suelen ser las primeras que prueban; sin embargo, la duda que prevalece es ¿pueden el consumo de alcohol y tabaco incitar a los jóvenes a probar otras drogas?

“Generalmente el consumo de drogas ilegales está precedido por el de sustancias legales, siendo una cadena habitual: alcohol → tabaco → cánnabis → otras drogas ilegales” así lo afirma un estudio de 1997 publicado en la Revista Española de Drogodependencias. Pues se busca extender esa sensación falsa de bienestar que genera el alcohol y el tabaco, o puede ser como consecuencia del entorno mismo en que se utiliza el alcohol.

Si a esto sumamos la estadística que señala que entre a más temprana edad sea el acercamiento a las drogas, mayores son las probabilidades de desarrollar una adicción; se comprende la urgencia de transmitir a los jóvenes la información y abrir los canales de comunicación para que no caigan en las adicciones.

En México, los jóvenes comienzan a beber desde los 12 años y es por eso que es importante que desde que son pequeños les demos las herramientas para prevenir el consumo de sustancias que pueden alterar su desarrollo, afectar su salud y sus relaciones personales.

Tenemos que mantener abiertos los canales de comunicación y enseñarles a ser asertivos. Pero sobre todo, debemos proveerles de un entorno familiar sano y afectivo, donde se sientan seguros y con la confianza de que sus padres están ahí para lo que necesiten.